¿Tenés que tomar 2 Litros de agua al día?

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El cuerpo humano está construido en base a liquido y sólidos (obviamente), lo sorprendente es que la mayor parte de lo que somos es…agua, más o menos un 60 %. Porcentaje que aumenta en los extremos de la vida.

Sin negar los beneficios de mantenerse correctamente hidratados, tengo que decir que la recomendación de ingerir los famosos dos litros de agua al día parece que no se sustenta con datos científicos.

¿Cómo me decís una cosa así?

Es que llevamos décadas escuchando el consejo: “tenés que tomar, al menos, ocho vasos de agua al día”. Lo dicen los medios de comunicación, libros de autoayuda e incluso nosotros los profesionales de la salud.  En algún momento la “necesidad” de los 2 litros al día dejó de cuestionarse, por entender lo del equilibrio hídrico saludable. Sin embargo las razones, o una evidencia sólida que justifique esta recomendación es algo inconsistente.

El Dr Heinz Valtin publicó en 2002 una revisión sobre el tema en la revista de la American Physiological Society. A pesar de que sus conclusiones –al igual que las de otros artículos posteriores– son opuestas a la recomendación cuantificada de agua, el mito no ha perdido fuerza, o por el contrario lo contrario: está más extendido. Un ejemplo más del escaso poder de la lógica frente a la opinión dominante.

Ese trabajo, titulado “Beba al menos ocho vasos de agua”. ¿En serio? ¿Existe evidencia científica? (“Drink at least eight glasses of water a day.” Really? Is there scientific evidence for “8 × 8”?) llegó varias conclusiones. Entre ellas:

  • No existe documentación que apoye la recomendación general (para todo el mundo) sobre el presunto beneficio de beber dos litros de agua al día.
  • Esa recomendación puede resultar excesiva para un adulto medio, sano, en un clima templado y con una vida sedentaria.
  • Hasta puede que dicha recomendación sea perjudicial si se tiene en cuenta el riesgo de una eventual hiponatremia (bajos niveles de sodio en sangre) potencialmente peligrosa.
  • También hay que tener en cuenta el riesgo de frustración cuando alguien se siente culpable por no beber lo que supone “un deber” para la salud
  • Y también hay ciertas situaciones en las que SI se deberían recomendar mayores cantidades de líquido. Como en las personas con cálculos renales y aquellas que realizan un esfuerzo físico extremo, en especial en ambientes cálidos.

Han aparecido artículos, como el publicado en 2007 en la revista British Medical Journal titulado Mitos sanitarios o médicos (Medical myths)  

 A pesar de la carencia de pruebas para sostenerlo es un clamor, la mente colectiva sigue con lo suyo y el mito sobrevive con una salud envidiable. En 2011, de nuevo la revista British Medical Journal volvió a la carga con una publicación titulada ¿Anegados? (Waterlogged?), y apuntando la posibilidad de que tanta presión en el consumo de agua no haga sino responder a concretos intereses comerciales de quienes, claro está, viven de la comercialización de agua embotellada.

También existe la posibilidad de que el consejo de los famosos ocho vasos, dos litros o algo que se le parezca, derive de la interpretación que en 1945 se hizo de las recomendaciones halladas en la Food and Nutrition Board of the National Research Council (Junta del Consejo Nacional de Investigación de Alimentación y Nutrición):

“Una consumo diario adecuado de agua para un adulto podría establecerse en unos 2,5 litros de agua…”

Pero el texto de la Junta no acababa aquí y a, pesar de que suele omitirse por completo, se continuaba afirmando que:

“… la mayor parte de esa cantidad está contenida en los alimentos que se consumen habitualmente”.

¿Entonces qué hacemos, cuánto bebemos al día?

Respondiendo con una analogía… ¿cuánto tenés de parpadear para mantener una adecuada salud ocular? Las respuesta a ambas preguntas, tanto la de la cantidad de agua al día como la relativa a la frecuencia de parpadeo tan fácil  y elocuente:  lo que te dé la gana o la que, literalmente, te pida el cuerpo.

En condiciones normales es tu sed, la sed de cada uno, la que te impulsa hacia el agua. Y que no te cuenten milongas: vas a beber solo por la sed. Ni por el color de la orina (más o menos claro u oscuro), ni por aquello de adelantarte a beber antes de que aparezca la sed porque ya estarás deshidratado, mitos ambos perfectamente documentados con todo lujo de detalles en el primer artículo comentado en este escrito.

Que quede claro:

“Para una persona sana la sed es una guía adecuada para tomar agua.”

Así de simple. Con solo tres salvedades:

  • Los bebés (que no pueden pedir agua porque no saben hablar, y lo único que hay que hacer es ofrecérsela),
  • Los deportistas, que la gastan a sudor batiente, y
  • Muchas personas enfermas y ancianas (en los que podría ser necesario ‘programar’ una ingesta de líquidos más allá de su sensación de sed).

Eso sí, si tenés sed, tomá agua. Es posible que puedas encontrar otras bebidas que sirvan para mejorar tu balance hídrico cuando estás sedienta/o, nadie lo pone en duda. Pero muchas de ellas llevan implícito un aspecto negativo que jamás hallarás en el agua. Me refiero a las bebidas con calorías vacías en forma de gaseosas, bebidas alcohólicas, bebidas energéticas o las –muchas veces mal llamadas o utilizadas– bebidas para deportistas. Más claro, nada.

Basado en una nota del dietista español Juan Revenga

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